Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús
Josefina Saturnina Rodríguez, nacida en Córdoba en 1823 dentro de una familia aristocrática y profundamente cristiana, enviudó a los 42 años y decidió concretar su vocación de ayudar a mujeres vulnerables. Tras siete años de dificultades, fundó en 1872 la primera congregación de vida apostólica de Argentina: las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús.
El Cura Brochero conoció a Madre Catalina en la Casa de Ejercicios Espirituales, donde ambos compartieron servicio y acompañamiento durante la epidemia de cólera, iniciando una amistad profunda. Brochero deseaba llevar a las Hermanas a San Alberto para dirigir la Casa de Ejercicios y un Colegio de Niñas, proyecto que Madre Catalina apoyó enviando en 1880 a dieciséis religiosas. Él se ocupó personalmente de asegurar su viaje y acompañarlas cuando enfermaban por el duro clima transerrano.
La colaboración entre Brochero y Madre Catalina se basó en confianza, entrega y una visión compartida de promover a la mujer en la sociedad. Su vínculo, marcado por la espiritualidad ignaciana y la pasión por el servicio, dejó un legado perdurable. Madre Catalina falleció en 1896, y Brochero le expresó su cariño y compromiso con su congregación hasta el final.
Casa de la familia Galindez
Cuando el Cura Brochero visitaba a Madre Catalina en Córdoba, se hospedaba en la casa de la familia Galíndez, ubicada en Barrio General Paz. Allí compartía habitación con el joven Benjamín Galíndez, quien lo describía como un hombre de rostro marcado por la viruela pero de profunda bondad, mirada dulce y carácter siempre sereno y amable. En esta casa, durante sus últimos años, Brochero redactó numerosas intervenciones en diarios y petitorios a las autoridades, defendiendo el culto a las imágenes, solicitando indultos para presos sin proceso y, especialmente, promoviendo la construcción del ferrocarril que conectara Traslasierra con Córdoba y la instalación del correo en el Curato de San Alberto.